El cáncer es una enfermedad crónica de la que nadie está a salvo, pero se puede mantener a raya gracias a unos modos de vida y unas costumbres alimentarias más sanos, mejor entendidos y más equilibrados.
La dieta mediterránea, de un tiempo a esta parte, ha merecido la aprobación de los dietistas más exigentes, y ha logrado ser reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, debido a los probados beneficios sobre la salud de quienes la siguen. Los productos naturales de la tierra, los pescados, las carnes frescas y los lácteos constituyen la base de una alimentación ligera, nutritiva, variada y muy digestiva.
Con la cara pegada al horno». De esta manera tan gráfica explica Ibán Yarza el momento más mágico del proceso de elaborar pan en casa, cuando todo el trabajo cristaliza en una sabrosa hogaza.
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